En Yaqubiya y Al Quniya vuelve la esperanza
Campanas que vuelven a sonar. Aulas de nuevo llenas. Niños que vuelven a estudiar, a hacer amistades, a conocer el mundo y a divertirse. En una Siria que ha vivido durante demasiados años el peso de la guerra y las profundas heridas infligidas por la violencia, la pobreza y la ausencia de futuro, la reapertura de una escuela no es simplemente un momento público, sino un signo de esperanza. Desde aquí vuelve a comenzar la vida. Y en este desafío, la Custodia de Tierra Santa ha estado siempre al lado de la población siria.
Una cercanía continua, confirmada también el domingo 20 de septiembre, cuando reabrieron las Escuelas Terra Santa en Yaqubiya y Al Quniya. Y ante la presencia de las autoridades civiles y religiosas, de los profesores, de las familias y de los estudiantes, el Custodio, Fray Francesco Ielpo, subrayó la importancia de la jornada para toda la comunidad. “Reconstruir una escuela no significa simplemente volver a levantar un edificio. Significa devolver a los niños un lugar donde crecer, aprender y soñar”, dijo Fray Ielpo. Y reabrir las escuelas en una tierra tan difícil significa sobre todo dar a todos los niños un motivo más para quedarse, o dar a quienes han huido la posibilidad de regresar después de grandes sufrimientos, mirando hacia el futuro.
La presencia franciscana se confirma así como un apoyo fundamental para toda la población. Por un lado, está el consuelo espiritual, la protección de los lugares sagrados, el mantener viva la presencia de la Iglesia. Por otro lado, está el apoyo a la población que comienza por los más pequeños. Y la educación, como explicó el Custodio, es “una de las vías más importantes para construir la paz”. Las Escuelas Terra Santa no sirven únicamente para formar jóvenes instruidos, sino sobre todo personas capaces de dialogar y de vivir juntas respetándose, sin discriminaciones ni exclusiones.
El objetivo de las Escuelas Terra Santa es formar jóvenes preparados, pero también personas capaces de respetarse, dialogar y construir juntos una sociedad en la que haya un lugar para todos, más allá de las pertenencias religiosas y culturales. El deseo de Fray Ielpo fue precisamente este, que las escuelas puedan ser “casas de paz, lugares de encuentro y fraternidad”.
Y al agradecer a Fray Luai Bisharat y Fray Khoukaz Masroub, que han seguido los trabajos de reconstrucción, el padre Custodio lanzó un mensaje: “Este es el rostro más bello de nuestra presencia franciscana: permanecer al lado de la gente, compartir el esfuerzo y reconstruir juntos la esperanza”. Yaqubiya y Al Quniya pueden así volver a vivir gracias al trabajo de una comunidad incansable que no se ha doblegado ante las grandes adversidades sufridas durante estos largos años de guerra.