Franciscanos españoles realizan ejercicios espirituales en Tierra Santa
Los ejercicios espirituales comenzaron el 16 de junio y se prolongarán hasta el próximo día 21.
La provincia franciscana de la Inmaculada y la Comisaría de Tierra Santa han organizado unos ejercicios espirituales en Tierra Santa del 16 al 21 de junio.
Un grupo formado por diecisiete franciscanos españoles —11 de la provincia de la Inmaculada, cinco franciscanos conventuales y un franciscano de la provincia de Nuestra Señora de Aranzazu— han tenido la ocasión de vivir cinco días de ejercicios espirituales en Tierra Santa, convocados por la Comisaría de Tierra Santa de la provincia de la Inmaculada e impartidos por la Custodia de Tierra Santa.
En estos días de especial encuentro con el Señor, de reflexión personal y crecimiento interior, los hermanos oraron en los principales Lugares Santos: Belén, Nazaret, Emaús, Monte Tabor, Jerusalén o el Lago de Galilea en los que pudieron escuchar las meditaciones preparadas especialmente para la ocasión por sus hermanos de la Custodia de Tierra Santa.
Los franciscanos, tras aterrizar en Tel Aviv el 16 de junio por la tarde comenzaron los ejercicios espirituales con la Eucaristía en Casa Nova de Belén, poco antes de la cena.
Al día siguiente, se trasladaron al Santuario de la Visitación en Ain karem, donde escucharon la primera meditación: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”, realizada por fray Sergio Olmedo, franciscano chileno que reside en esa fraternidad. Por la tarde, una virgen consagrada de Boadilla del Monte (Madrid) y que actualmente vive en Belén, Isabel, impartió la meditación sobre el misterio de la Navidad: “Aquí nació Jesús de María Virgen”.
El domingo 18, y ya en Jerusalén, el grupo celebró la Eucaristía en Betfage, y a continuación se trasladó al Eremitorio de Getsemaní. Allí los hermanos escucharon atentamente las palabras de fray Manuel D. Lama —que actualmente vive en Betfagé— sobre el misterio del Jueves Santo: “Padre, pase de mi este cáliz”. Por la tarde, fue el turno de fray Silvio de la Fuente, quién habló sobre la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús: “Sus heridas nos han curado”.
“Según pasaban las horas se iba notando cada vez más el clima fraterno y de compañerismo entre todos los hermanos. Todos nos hemos podido acompañar mutuamente y conocernos de una forma más intensa”, comentó fray Manel, franciscano canario que reside en Sabadell.
El lunes 19 por la mañana, los frailes fueron a Emaús el-qubeybeh, donde les esperaba fray Arturo para meditar con ellos sobre el pasaje de Emaús: “Le reconocieron a partir del pan”. Después atravesaron en autobús Cisjordania para llegar a Magdala, donde comieron antes de proseguir el camino. Por la tarde, continuaron la jornada en el Monte Tabor. En esta ocasión, la meditación que llevaba por título: “Este es mi hijo, el Amado”, corrió a cargo de fray Ricardo Bustos.
“Las reflexiones que nos han dado los hermanos y la virgen consagrada han sido un regalo. Todos ellos nos han hablado de la espiritualidad que cada lugar trasluce. Gracias a ellos hemos conocido de una forma más intensa el trabajo que realizan en Tierra Santa. El amor y el celo con el que conservan y dan testimonio de los sitios que han custodiado los franciscanos a lo largo de los siglos”, continúa diciendo fray Manel.
El martes 20, la reflexión matinal sobre el lago de Galilea: “Y dejando la redes, lo siguieron”, la realizó fray Miguel Ramírez en Tabgha. Posteriormente, los frailes tuvieron la ocasión de visitar Magdala y, de manos de fray Tymoteusz Marszalek, vieron las ruinas arqueológicas y excavaciones en la zona, donde se les explicó la estructura de la ciudad y el lugar donde podría estar la basílica bizantina sobre la casa de María Magdalena.
Bajo el título “La encarnación del Hijo de Dios; aquí, el verbo se hizo carne” fray Carlos Molina, director de Casa Nova de Nazaret, dio testimonio y realizó la última meditación en estos días de ejercicios espirituales.
El día 21, los frailes, tras la Eucaristía, volvían a España con espíritu renovado. “Me ha dado pena que se acabara tan pronto. Hemos podido reflexionar sobre nuestra propia experiencia personal e iluminar el sentido vocacional al que hemos sido llamados. Han sido días de mucha gracia y bendición bajo el signo de la fraternidad”, finalizaba fray Manel.
Durante estos días, los frailes —que se alojaron en las Casas Nova— también tuvieron la ocasión de participar en las celebraciones de los cristianos en Tierra Santa: rosario de San José en Nazaret, procesión de mediodía en la Basílica de la Natividad y la procesión del Santo Sepulcro a las cinco de la tarde.
¡Qué amables son tus moradas, Señor!
Fray Abel García-Cezón, franciscano conventual, ha querido dar testimonio de lo que han significado para él estos días de especial encuentro con el Señor.
“Estos días son un verdadero regalo. ¡Qué amables son tus moradas, Señor!, era la frase del Salmo 84 que resonaba en mí en cada lugar que visitábamos, en el que celebrábamos la Eucaristía, escuchábamos la Palabra —con la particularidad de que en Tierra Santa se añade el “aquí” o “en este lugar” con toda su fuerza—, recibíamos una meditación o testimonio de un hermano del lugar y nos deteníamos en silencio sobrecogido a contemplar y disfrutar del entorno. Sí, ¡qué amables son tus moradas, Señor!, donde quisiste asumir nuestra carne humana y frágil en el seno de la Virgen María (San Francisco); donde quisiste nacer pobre y humilde, ser reconocido y adorado por los pastores y los Magos; donde transcurriste 30 años de vida oculta, laboriosa y silenciosa; donde llamaste a tus primeros discípulos; donde les anticipaste tu gloria; donde instituiste el sacramento de la nueva alianza en la Última Cena y donde lo consumaste ofreciendo tu vida al Padre y a los hermanos en la Cruz. Sí, ¡qué amables son tus moradas, Señor!, donde resucitaste vencedor de la muerte y donde quisiste hacer arder el corazón de dos de tus discípulos, partiendo para ellos el pan de la vida nueva donde estás realmente presente, vivo y resucitado. Gracias a cada hermano que me ha dado la oportunidad de vivir estos días inolvidables en Tierra Santa, bajo el signo de la fraternidad franciscana, como una sola familia. ¡Qué amables son tus moradas, Señor! Mi corazón se alegra y te canta agradecido”.
Un regalo de Dios
“La primera vez que estuve en Tierra Santa hace unos 30 años —cuenta fray Antonio López, que actualmente reside en El Palancar— tuve la sensación de pasar como peregrino por casi todos los lugares, pero con la certeza de que volvería alguna otra vez. Esta segunda vez, aunque con menos tiempo y visitando menos lugares, he vivido la experiencia de estar en Tierra Santa.
La importancia de tener un poco más de tiempo para situarme, mirar hacia fuera contemplando los lugares por donde Jesús pasó, mirar hacia dentro y darme cuenta de lo que pasa en mí, escuchar y escucharme, de donde brota la alegría con la acción de gracias, pero también la petición de fortaleza en el seguimiento…
Descubrir lo importante que es vivir esta experiencia estando con los hermanos, y sobre todo el amor a esta Tierra Santa con el testimonio y la vivencia profunda, dura en algunas ocasiones, de los hermanos que viven allí y han compartido con nosotros sus reflexiones personales.
Me llevo en el corazón dos lugares: Belén y Nazaret. Estar y meditar en ellos me evocan humanidad, sencillez, humildad, disponibilidad y pobreza, importante para mi vida.Gracias Señor por este regalo a través de todos aquellos que lo han hecho posible. Bendícelos con tu gracias, en sus necesidades”.
