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Los franciscanos celebran misa en el Cenáculo

Es la cuarta vez desde hace 470 años que los franciscanos de la Custodia celebran misa en el Cenáculo. Sin embargo, este año ha tenido un significado especial porque han podido asistir peregrinos.

La española Maria Jose Fernandez Martin ha tenido la suerte de vivir este momento y ha querido compartirlo con nosotros:

“¿Cómo expresar la emoción que uno puede sentir una tarde de Jueves Santo con un Jerusalén sumido en la soledad de la Semana Santa cuando en aquella pequeña sala del Cenáculo no más de un centenar de cristianos se reúnen nerviosos, excitados, deseosos de participar en algo tan sagrado y tan fuerte como es la Última Cena del Señor, la misa de In Coena Domini.

Por cuarto año consecutivo la tolerancia interreligiosa entre judíos y musulmanes han permitido que los cristianos acudamos a aquel emblemático lugar donde la tradición sitúa la Última Cena de nuestro Señor con sus discípulos instituyendo la Eucaristía y al mismo tiempo entregándonos su Cuerpo y su Sangre para la vida eterna, porque Él cargó con la liberación de todas las almas, para que fijándonos y amparándonos seamos testigos de ese sacrificio de amor.

¿Cómo expresar el profundo sentimiento y emoción de estar presente en esa ceremonia donde amar se traduce en el concepto de servir, donde el mensaje de Cristo es el mandamiento nuevo de Amarse unos a itros como él ha amado? Él nos ha amado sin limites, Él nos ha amado en vida y en muerte; y nos ama más aún: nos ama en la Resurreción porque a través de ella nos libera de la muerte para siempre.

El Lavatorio de los pies, a seis niños y a seis adultos. Con ello representa al hombre en todas las etapas de su vida: en la inocencia de la niñez, en la fortaleza de la juventud, en la plenitud de la madurez.. siempre el hombre de la mano de Jesús, de la mano de Cristo, camina y enfoca su vida hacia Dios. ¿Cómo no experimentar en ese Cenáculo, en esa Cena, todo el sentido que la Semana Santa tiene? A la luz de las velas, rodeado de sus discípulos, representa el testamento de amor que Cristo nos deja.

El profundo silencio en la consagración de ese Pan transmutado en el Cuerpo. En la consagración de ese Vino trasmutado en la Sangre: No volveré a beber de esta copa hasta que todo se haya cumplido. El Consumatum Est, Todo está consumado de la cruz, cobra sentido y enlaza directamente con esa cena en la que Cristo instituye la Pascua cristiana, que empieza con la entrega y que termina con la consumación de esa entrega en un acto sublime de amor. Entender esto en el Cenáculo una tarde de Jueves Santo en el silencio del lugar, en la solemnidad de una ceremonia profunda y sincera que nos traslada a ese momento, y que nos hace entender que todo tiene un gran sentido; que cada Eucaristía tiene ese mismo sentido y que cada vez que recibimos la Eucaristía estamos en ese Cenáculo mirando fíjamente los ojos del Señor”