El 20 de octubre a las 10.30 de la mañana comenzó la solemne celebración de la canonización de los 14 nuevos santos, once de ellos conocidos como los Mártires de Damasco. A esa hora, la plaza de San Pedro ya estaba llena de religiosos y feligreses que quisieron estar presentes en un día tan señalado y especial, sobre todo, para los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, ya que durante la celebración fueron canonizados once de sus frailes, siete de ellos españoles —fray Manuel Ruiz, fray Carmelo Bolta, fray Nicanor Ascanio, fray Pedro, fray Nicolás Alberca, fray Francisco Pinazo y fray Juan Jacobo Fernández—.
La primera parte de la misa fue presidida por el Papa Francisco, pero dejó los ritos eucarísticos a cargo del cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio. de Causas de los Santos. A su lado el patriarca maronita, el cardenal Bechara Rai, y el Patriarca Latino de Jerusalén, cardenal Pierbattista Pizzaballa. Entre los cardenales y obispos concelebrantes se encontraba el nuncio apostólico en Siria, el cardenal Mario Zenari.
Durante la homilía, el Papa Francisco dedicó unas palabras a los nuevos santos: “A lo largo de la agitada historia de la humanidad, ellos fueron siervos fieles, hombres y mujeres que sirvieron en el martirio y en la alegría, como el hermano Manuel Ruiz López y sus compañeros. Son sacerdotes y consagradas fervientes —fervientes— de pasión misionera, como el padre José Allamano, sor María Leonia Paradis y sor Elena Guerra. Estos nuevos santos vivieron según el estilo de Jesús: el servicio. La fe y el apostolado que llevaron a cabo no alimentaron en ellos deseos mundanos ni ansias de poder, sino que, por el contrario, se hicieron servidores de sus hermanos, creativos para hacer el bien, firmes en las dificultades, generosos hasta el final”.
Uno de los muchos franciscanos que asistieron a la celebración fue fray Fadi Azar, párroco del convento de Latakia (Siria), quién comentó que la canonización les da esperanza, “para nosotros la sangre de los mártires es un signo de esperanza en una tierra donde hay guerra, hay migración, hay desesperación, hambre, falta de electricidad y agua. La gente siente el miedo. El futuro es inseguro, pero el Papa con la canonización de estos santos nos da esperanza y nos da fe. El amor de estos mártires llegó a Jesús porque les dio valentía, fe y seguridad. Se sintieron protegidos frente a la espada de los musulmanes. Frente a la muerte no tenían miedo. Pido por la paz en Líbano, en Siria… en todo el mundo. Que la sangre de los mártires de Damasco lleve a esperanza de paz a nuestra tierra”, aseguró.
Al finalizar la celebración, el Custodio de Tierra Santa, Francesco Patton, dijo que la canonización había sido especialmente significativa para los franciscanos. «Espero que esta canonización sea un estímulo para todos los cristianos de Siria, el Líbano y Oriente Medio para mantener viva su fe y su capacidad de dar testimonio de ella. Además, dado que los santos por definición también son intercesores, realmente espero que estos nuevos santos intercedan por todo Oriente Medio, por el don de la paz, que es lo que más necesitamos», afirmó.
La Comisaría de Tierra Santa ha estado representada por fray Luis Pacheco, quien asistió a la canonización acompañado por numerosos peregrinos.
En Madrid, se celebró el 26 de octubre una Misa de Acción de Gracias por la canonización de los Mártires de Damasco que estuvo presidida por el arzobispo de Oviedo, monseñor Jesús Sanz Montes, franciscano de nuestra provincia.
Plegaria a los Mártires de Damasco
Oh Dios, que por la efusión de la sangre de tus mártires
confirmas a tus fieles en la fe,
enciende en ellos el fuego de la caridad
y suscita la esperanza de la vida eterna:
aumenta en ellos,
por intercesión de tus siervos
los mártires de Damasco, Manuel Ruiz y compañeros,
el amor a tu Iglesia,
la caridad hacia el prójimo
y la esperanza de la vida celestial.
Y, en particular, como indigno siervo tuyo,
concédeme obtener
en mis presentes necesidades,
según tu sabiduría y misericordia,
la gracia que humildemente imploro
en tu honor y para la glorificación de tus siervos. Amén
