Tres días más tarde del ingreso del nuevo Custodio por la Puerta de Jaffa, fray Francesco Ielpo hizo la entrada solemne en el Cenáculo, sobre el Monte Sión. El custodio salió del convento de San Salvador, acompañado por una veintena de franciscanos y del visitador general, fray Alojzy Sławomir.
El ingreso en el Cenáculo tiene un gran valor simbólico y espiritual. Es el lugar donde Jesús transformó el Pan y el Vino, entregándonos su Cuerpo y su Sangre, y confió este misterio a la Iglesia a través del ministerio del sacerdocio y la institución de la Eucaristía; y es el lugar donde Jesús lavó los pies a sus discípulos, enseñándonos que amar es ponerse al servicio de los demás.
En sus palabras, el Custodio quiso subrayar la contemporaneidad del misterio: «en el momento en que la Iglesia celebra, desaparecen las coordenadas espaciales y temporales, y nos volvemos contemporáneos del misterio que celebramos.»
Sobre el don del Espíritu Santo, el Custodio recordó que «el Cenáculo se convierte en una nueva imagen del Sina, en un acontecimiento que marca una nueva alianza, una nueva irrupción de Dios en la historia de los hombres, dentro del corazón del hombre» e invitó a los frailes y fieles a volver espiritualmente a este lugar cada vez que se experimente una crisis en la comunión.
