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Nuevo número de la Revista Tierra Santa

En este número de la revista queremos conmemorar el centenario de la Basílica del Getsemaní y celebrar la canonización de los Mártires de Damasco, siete de ellos franciscanos españoles. Pero no podemos dejar de pedir, insistentemente, por la paz y por el fin de tanto sufrimiento.

No nos es ajeno el dolor de los que sufren. Tierra Santa llora y no nos podemos quedar indiferentes frente al horror de la guerra: hambre, muerte y destrucción. Sólo podemos confiar en el gran poder de la oración para pedir por la conversión y el discernimiento de aquellos que tienen la capacidad de decidir sobre el futuro de millones de personas, que lo único que quieren es vivir en paz y proporcionar un futuro de esperanza a sus hijos.

Lejos de mejorar, la situación se va complicando. Aparecen nuevos escenarios en conflicto que nos hacen temer lo peor. Intereses geopolíticos, económicos y armamentísticos están en juego, pero ¿dónde queda el ser humano?, ¿qué importancia se da al valor de la vida y la dignidad de la persona?, ¿qué estamos dispuestos a perder hasta decir ¡basta!?

No se trata de un conflicto religioso, pero la fe debe ser el punto de partida, porque toda religión tiene como finalidad la paz y armonía entre los pueblos. ¿Por qué, entonces, en una tierra sagrada para tres religiones monoteístas —cristiana, musulmana y judía— no encuentran lazos de unión, para posicionarse en favor de la paz, y sí de confrontación? Todos sufren, pero la guerra continúa… ¿tiene sentido?, y el odio entre todos ellos continuará mientras siga habiendo víctimas y barbarie. ¿Cómo reparar después el corazón de aquellos niños que han visto morir a sus padres, dormir entre bombardeos o perder sus casas?, ¿cómo hablarles de entrega y perdón cuando desde pequeños han visto en el otro “al enemigo”? Debemos pensar en el presente, pero también en el futuro de las generaciones venideras porque “la violencia siempre genera violencia”. Si no les educamos en el amor, la generosidad y el respeto al prójimo; si no somos un ejemplo de convivencia con el que opina diferente o reza a un Dios distinto, ¿qué enseñanza les estamos dejando?, ¿qué aprendizajes obtendrán de todo esto?

Cierto es que sólo Dios sabe, y que todo tiene un por qué y un para qué que no logro comprender. No nos cansaremos de rezar por la paz, porque la oración siempre es eficaz para los que creemos y dejamos todo en manos del Señor, confiando en su infinita misericordia. Y los franciscanos de Tierra Santa seguirán tendiendo puentes y abriendo sus puertas a todo el que sufre, como ejemplo de convivencia, entrega y amor al prójimo. Como siempre ha sido y como siempre será. Paz y bien.