La Familia franciscana junto a toda la Iglesia celebra hoy, 13 de junio, la fiesta de San Antonio, este «hijo predilecto» de San Francisco, que vivió en plenitud la ley de Dios y en el que podemos descubrir precisamente la lógica evangélica, pues supo vivir la fe desde la sencillez, la humildad y la pobreza mas absoluta. Fue un verdadero hijo de la luz que luchó contra todo tipo de males y puso su vida al servicio de los más pobres.
A veces, sólo conocemos de san Antonio lo milagrero que es, el poder que tiene para encontrar los objetos perdidos y su eficacia para encontrar novio, pero San Antonio es mucho más, su sabiduría le llevó a enseñar la teología a sus frailes, a predicar a todos los fieles y a llevar la Palabra de Dios por Marruecos, sur de Francia e Italia. Misionero infatigable y «doctor evangélico» que supo evangelizar su propio corazón y llevar a todos el pan sabroso de la Palabra. Sus sermones y milagros le han hecho un santo muy querido por el pueblo.
Vamos a explicar por qué el santo nacido en Portugal es Patrono de la Custodia Franciscana de Tierra Santa.
Son dos los acontecimientos que vinculan al santo taumaturgo o hacedor de milagros con los franciscanos de Tierra Santa:
El primer episodio se remonta al conflicto entre Turquía e Inglaterra en 1917, en el marco de la Primera Guerra Mundial, durante el que el gobernador Giamal Pasciá tomó la decisión de encarcelar a los frailes franciscanos, dejando así abandonados los santos lugares en Tierra Santa. Ante esta situación, los franciscanos rezaron fervorosamente a San Antonio de Padua, tras el pedido de fray Eutimio Castellani, presidente custodial, que en ese tiempo sustituía al Custodio de Tierra Santa.
Los franciscanos de Tierra Santa refieren que al tercer día, el Patriarca Latino fue a ver al gobernador Pasciá, para pedirle le permitiera ayudar a su auxiliar que estaba enfermo; a los que el mandatario respondió permitiendo la liberación de los frailes franciscanos italianos que conformaban la Custodia.
El segundo episodio ocurrió en noviembre de 1917 y los franciscanos de la Custodia de Tierra Santa estaban en peligro de ser encarcelados nuevamente. Tras rezarle a San Antonio recibieron un telegrama de Constantinopla (Turquía), que les permitía quedarse en Tierra Santa.
Al final de la Primera Guerra Mundial, el Papa Benedicto XV declaró a San Antonio de Padua como Patrono de la Custodia Franciscana de Tierra Santa.
Siguiendo la tradición, se reparte el pan de San Antonio, que recuerda la caridad del santo hacia los pobres.
