Triduo en honor a San José María Rubio
El vicecomisario de Tierra Santa de la Provincia de la Inmaculada, fray Luis Quintana, presidió la Eucaristía
La Real e Ilustre Ignaciana Hermandad Sacramental de San José María Rubio en Dalias (Almería) ha celebrado del 30 de abril al 4 de mayo un solemne Triduo y fiesta en honor del primer santo almeriense.
El 1 de mayo, tuvo lugar la Eucaristía, que fue presidida por el vicecomisario de Tierra Santa de la Provincia de la Inmaculada, fray Luis Quintana, y estuvo cantada por el coro Cristo de la Luz. Posteriormente, se veneró la reliquia.
La vinculación de este hermandad con Tierra Santa es grande. Antes de ingresar en la Compañía de Jesús, en 1904, san José María Rubio realizó una peregrinación a Tierra Santa que le marcó profundamente. A raíz de esa peregrinación se publicaron las «Notas de un peregrino a Tierra Santa», que fue el único escrito que tras la muerte de San José María ha pervivido y en el que relata con vivo realismo la visita a los diversos lugares santos, destacando el Santo Sepulcro y Belén, y describe con gran emoción su adoración en esos dos santuarios.
La Hermandad, además, ha querido vincularse a Tierra Santa de dos formas especiales: La primera, haciendo un hermanamiento de la Hermandad del padre Rubio con el Santuario Gloria in Excelsis Deo, del Campo de los Pastores, por el que recibieron una piedra-reliquia de Belén, que se encuentra actualmente en la parroquia de Dalias. El segundo vínculo, ha sido la «adopción» de uno de los veinte iconos que componen el Via Matris de la Capilla de la Inmaculada Concepción —concretamente el Cenáculo, lugar donde recordamos a María con los Apóstoles en la espera del Espíritu Santo en Pentecostés, además de la Última Cena y de la institución de la Eucaristía— también en el Campo de los Pastores, en Beit Sahour, convirtiéndose así en uno de los benefactores de la capilla española en Tierra Santa..
El Cenáculo fue un lugar muy especial para San José María Rubio (y para este hermandad) porque resume la experiencia que tuvo el santo durante su peregrinación del abajamiento de Dios en Belén —él cuenta cómo besó la estrella del nacimiento del Señor con mucha devoción— y el Calvario y lugar de la Resurrección.
